Faites vos jeux: Rien ne va plus!

Estuve una vez en uno de los casinos de Montecarlo, en el singular principado de Mónaco. Exactamente en el situado en la Place du Casino. Un edificio decorado en un estilo tipo Belle Epoque. El ambiente era impresionante, sobre todo en la inmensa sala de la ruleta, que estaba llena de gente elegantemente vestida. Sólo aposté dos veces. Al rojo la primera vez: salió negro. La segunda cambié de color, y la bola se situó en un numero rojo. La suerte no me acompañó. Me sorprendió la voz del croupier. Un hombre de unos 45 años que decía con voz potente: “Faites vos jeux: Rien ne va plus!”. Era el año 1990, y en esa época Europa encaraba los problemas de la integración alemana; y se cernía sobre el horizonte la crisis del 92. Pongo aquí esta foto sacada del web site del casino.

Bastantes años después me recomendaron una novela de una autora griega: Margarita Karapanou. Había muerto en 2008 y sus novelas, al parecer, habían sido traducidas a varios idiomas. El título: El sonámbulo. Una extraña trama en un extraño mundo surrealista, con un mensaje final que tampoco llevaba a ningún lado, por irreal y, quizás, por absurdo. No me gustó, la verdad, pero me quedó grabado el título. Tiempo después me topé con otro libro de esta autora. Esta vez en inglés. Rien ne va plus era su título. Pensé que sería mejor que el otro. Se trataba de la compleja historia de una pareja. Convivían con engaños, infidelidades y mutua crueldad. No se alcanzaba a ver quien era el peor de los dos, si el uno o la otra. Todo acaba mal. Rien ne va plus.

También vi hace años una película de Claude Chabrol con ese mismo título: Rien ne va plus. No era el mejor Chabrol, desde luego. Aunque se podía ver. Se basaba en las andanzas de una pareja. El, un hombre maduro, y ella una atractiva joven.  Viajaban en una caravana y se detenían para asistir a reuniones donde, gracias a los encanto de ella, podían desvalijar a los hombres ricos que cedían a sus encantos.



Estos recuerdos, los títulos, por un lado, y por otro, el hecho de que la autora de las novelas que comento era griega, me han puesto, de nuevo, enfrente de la realidad de la Europa actual; donde en pocos meses hemos ido viendo caer a varios gobiernos junto a sus máximos representantes. En concreto, en esos países donde la crisis se ha cebado de manera más agresiva: el grupo de los GIIPS: Grecia, Irlanda, Italia, Portugal y España. Unos Gobiernos con dirigentes que parecían sonámbulos que dormitaban inmersos en una cruda realidad sin enterarse de lo que pasaba o, a lo peor, engañando a sus conciudadanos. Gobernantes a los que sus votantes o sus correligionarios nacionales o internacionales les han dicho eso de rien ne va plus. Gobiernos que, a veces, han mentido, y otras han tratado de engañar con encantos que, en este caso, no tenían. Y lo que es peor, han puesto a sus países, y al resto de Europa, en situación de muy compleja salida.

Cierto es que, fuera de los GIIPS, el primero en caer fue Gordon Brown en Inglaterra. Ya no podían más con él, ni los suyos ni sus oponentes ni los electores. Aunque dentro de los GIIPS, el inicio fue con Brien Cowen en Irlanda. Luego, José Sócrates en Portugal. Posteriormente el presidente español Rodríguez Zapatero que, si bien, se ha mantenido al frente del Ejecutivo, ha ido moviéndose al pairo de los acontecimientos: según los vientos internos de su propio partido político, de las encuestas o de las decisiones que le han ido marcando desde el seno europeo e internacional, incluido Obama y el primer ministro chino. Una situación que arrancó a primeros de mayo de 2010 cuando varios mandatarios le dijeron: rien ne va plus. Y ahí empezaron las reformas económicas en España que, aunque tímidas en ciertos aspectos, han tenido ajustes en el gasto social, que entonces se mantenía desbocado. Un presidente que ha puesto en difícil tesitura al candidato de su partido a las elecciones generales de este mes, señor Pérez Rubalcaba.

Siguiendo con las caídas de dirigentes, hace poco le ha tocado el turno a Papandreu en Grecia, y ahora esta Silvio Berlusconi en la puerta de salida. Eso sí, con sus característicos modos de hacer: se va, pero se queda hasta que se haga lo que él no ha hecho en estos años y ahora dice que hay que hacer.

Una de las claves de todo este proceso ha sido la deuda pública. No tanto por su volumen, sino por la rapidez con que ha aumentado. Basta ver su evolución para darse cuenta del problema, tal como muestra la gráfica siguiente. Pues, si en 2007, se había alcanzado (de media) el mínimo de los últimos 10 años, entre 2008 y 2009 se pasó del 66% al 78% en términos de PIB. Doce puntos en dos años. Algo que destrozó la economía de la Eurozona en un momento de profunda crisis económica y financiera.

A esto, evidentemente, no han sido ajenos otros países, ya fuera Estados Unidos o, muy singularmente, Japón, sobre el que la OCDE estima un endeudamiento del 121,5% de su PIB para 2011.

El crecimiento disparado de la deuda en tan corto tiempo ha sido, sin duda, el causante de las enormes subidas de las tasas de interés. especialmente en los países europeos con mayores problemas en sus estructuras económicas. Lo que de nuevo vemos en este gráfico. Cifras volátiles siempre al alza.

Hecho que plantea serios interrogantes al respecto de la evolución económica de la Europa de los 27, como todos sabemos.

Pero no se crea que esto es nuevo. Ha sido algo conocido pero adormecido, de alguna manera, por las estrategias políticas de los partidos que gobernaban en los países con más problemas. Esto era sabido y preocupaba no sólo en Europa, sino también en Estados Unidos, ya que su economía está muy ligada a la nuestra.

En este sentido, un estudioThe Future of the Eurozone and U.S. Interests, publicado en Estados Unidos por el Congressional Research Service el 16 de septiembre pasado, lo pone muy claramente de menifiesto. Lo que sigue toma algunas notas y gráficos del mismo.

Las tendencias económicas de la Eurozona: crecimiento, inflación, costes laborales, déficit comercial, déficit presupuestario y deuda pública lo indican fehacientemente. Pudiéndose ver la evolución de los últimos 12 años en el siguiente gráfico, donde el conjunto de países GIIPS lastran, por su negativa evolución, la economía europea global, y muy singularmente desde el inicio de la crisis en 2007.

El problema de la deuda es, como hemos dicho, una de las principales claves del deterioro. Ya que la exposición de los bancos franceses y alemanes respecto de los países GIPPS creció más del 450% desde 1999, pasando de los 360.000 millones de dólares a una cifra superior a 1,6 billones de dólares (millones de millones). Lo que explica perfectamente, por un lado, las medidas que se tratan de forzar desde Alemania y Francia, con ayuda del G20, y por otro, refuerza el comportamiento de las tasas de interés de las deudas soberanas como ya se ha indicado.

Esta es la causa por la que los dirigentes de estos Gobiernos han ido cayendo secuencialmente. Unos por tener ya intervenidas sus economías, y otros porque están a punto de pasar por ese trance si no solventan adecuadamente sus problemas. Y de entre ellos, España, la cuarta economía europea, cuyo cambio político próximo alienta la confianza de los «países del norte», pues esperan decisiones económicas más coherentes, como ya indicó el Sr. Kampeter en su visita a Madrid la pasada semana.

Unas economías que en los pasados años, como se puede ver en la figura siguiente, tuvieron grandes inyecciones de capital, lo que indujo fuertes crecimientos, si bien con inflación y sin ajustes económicos estructurales, lo que redujo su competitividad y causó un deterioro evidente de sus cuentas públicas.

Una situación que, al final, ha conducido necesariamente a los rescates ya producidos (ver siguiente tabla), y otros que aguardan en la recámara.

Todo un escenario que obligará a fuertes ajustes en los países GIIPS, los cuales deberán hacer importantes reformas si no quieren perder la senda del crecimiento y de la creación de riqueza. De no ser así volverán tiempos my duros para todos y, muy especialmente para ellos.

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