La dimensión económica del cibercrimen

Cuando se piensa en cibercrimen se suele alzar la vista hacia los hechos delictivos que, fundamentalmente, se comenten contra las personas desde la Red. Se trataría de delitos bien tipificados en muchos países, que se engloban, generalmente, bajo el concepto de delitos informáticos.

En muchos casos, este tipo de ataques contra las personas no suele tener un objetivo directamente económico, aunque al final siempre exista una conexión entre la búsqueda de un beneficio económico y el delito. Ya sea porque se encubra una extorsión o porque se enmascare un negocio, como podría ser la pornografía en todas sus variedades.

El Norton Cybercrime Report 2011 estima que la magnitud económica del cibercrimen en la actualidad es de 388.000 millones de dólares. Una cifra cercana a los 411.000 millones que supone el tráfico global de drogas, según el análisis efectuado en 24 países por esta empresa, donde más de 430 millones de personas han sufrido este nuevo tipo de lacra social.

Asegurándose, por ejemplo, que en España el 69% de los adultos han sufrido algún ataque de este tipo; normalmente en forma de virus u otros tipo de programas informáticos que perjudican el funcionamiento de los ordenadores privados.

Casos bien conocidos como sucedió en mayo de este año cando Sony detectó un fichero en sus sistemas denominado , que había conseguido robar información personal de más de 100 millones de personas. El virus se había introducido en un servidor de Sony Online Entertainment, la filial de Sony que elabora juegos on line para su consola PlayStation 3.

Ataques cuyo porcentaje, aparte del 69% de España, oscila entre el 38% de Japón y el 85% de China. Intrusiones contra la vida privada que no sólo se concentran en virus o correos electrónicos spam, sino que van directamente contra las cuentas bancarias de los perjudicados mediante sistemas delictivos que toman nombres singulares: carding, skiming, phising, etc. Un asunto profusamente tratado por el Instituto Choiseul España en el número 1 de su revista Seguridad Global: Ciberseguridad: Amenazas y oportunidades en el cuarto espacio.

Entre esas técnicas delictivas que atentan contra las operaciones bancarias de las personas, es destacable una en concreto. Aquella donde un virus troyano, en este caso el denominado ZeuS, cambia internamente la página de acceso del usuario a su cuenta bancaria para hacerse con los datos de su tarjeta de crédito.

Otro modo es el skimming que pueden realizar empleados desleales. Los cuales esconden máquinas lectoras de tarjetas de crédito donde se copian los datos de los clientes que son posteriormente utilizados de manera fraudulenta. La figura siguiente muestra un aparato de este tipo, siempre oculto a la vista de los usu

arios y de los responsables honestos del local donde son usados. Un simple lector de bajo coste (unos 400 dólares) que se coloca al lado del TPV tradicional, y desde donde se realizan se roba la información de las tarjetas de crédito o de débito al realizar los pagos.

Al igual que existen otros aparatos similares de más reducido tamaño como el mostrado a continuación.

La importancia del cibercrimen no se queda, sin embargo, al nivel de los hechos delictivos antes aludidos. Implica también a los Gobiernos. E, incluso, va más allá de actos de piratería informática para alcanzar al robo de patentes de grandes firmas industriales.

Tal ha sido el caso de la polémica surgida esta misma semana según la cual los Estados Unidos ponían una queja ante lo que suponían era el espionaje desde la Red de rusos y chinos para hacerse con importantes informaciones americanas. De ello se hacía también eco Financial Times. Este medio de comunicación indicaba en la primera página de su edición impresa del pasado viernes 4 de noviembre que: “Un ciberespionaje masivo por parte de Rusia y China suponía una importante y creciente amenaza sobre el poder económico americano y sobre la seguridad nacional”. Lo que, a su vez, provenía de un documento hecho público por oficiales del departamento de inteligencia de Estados Unidos que aseguraban que los dos rivales “geopolíticos” habían lanzado una “embestida” desde Internet para espiar a ciertas empresas americanas. Tal es el caso de la denuncia hecha por Robert Bryant, un ejecutivo del departamento de contrainteligencia americano.

Un problema que no es de ahora, sino que ha sido también reportado en otras ocasiones. Como fue el famoso virus STUXNET que ocasionó la parada del reactor nuclear iraní el pasado año. Infraestructuras críticas que no están exentas de ciberataques dada la permeabilidad que tienen las redes conectadas a Internet.

Todo un nuevo hecho económico puesto de actualidad públicamente esta semana en la Conferencia que se ha desarrollado en Londres sobre ciberseguridad que muchos medios como por ejemplo The Huffington Post han publicitado adecuadamente para alertar del volumen económico de este nuevo fenómeno, que está en el orden del billón de dólares (millón de millones) y que, solo en el Reino Unido supuso unas pérdidas económicas de 27.000 millones de libras.

Unos hechos geoeconómicos que tienen mucho de geoestrategia, geopolítica y una dimensión económica global.

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