La ola nacionalista en Latinoamérica y el débil softpower de España

El 12 de junio de 2008 apareció un artículo en The Huffinton Post firmado por el profesor Joseph Nye, padre del concepto soft power, titulado Barak Obama and Soft Power, que sintetizaba lo que significa esta manera de hacer política: «soft power es la capacidad de obtener lo que se desea a partir de la atracción, en lugar de usar como método de pago o de coacción el palo y la zanahoria». Algo que ya había expresado ese mismo año en su libro The Powers to Lead, donde decía que, en relación con los individuos, soft power tiene que ver con las habilidades de la inteligencia emocional, la visión, y la comunicación, algo que, para Nye, Obama poseía en abundancia. Baste ver ahora el acuerdo de la Administración Obama con Afganistán, una alianza que llegará a 2024, y ue le da a Estados Unidos un posicionamiento muy beneficioso en un enclave estratégico desde el punto de vista energético y geoestratégico. Una ventaja geoeconómica esencial para Estados Unidos en esa zona.

También para Joseph Nye  al referirse a las naciones comenta que: «softpower tiene que ver con la cultura (cuando es atractiva a otros), valores (cuando se utilizan sin hipocresía), y política (cuando es inclusiva y es percibida como legítima a los ojos de los demás)». Además, el mismo autor, en otro libro titulado Power in the Global Information Age: From Realism to Globalization (2004), definía el concepto de hard power como: «la capacidad de usar el palo y la zanahoria, tanto económica como militarmente, para hacer que otros sigan nuestro deseos». Concluyendo posteriormente en The Powers to Lead que: «la habilidad de combinar hard power y soft power en una estrategia eficaz es lo que constituye el smart power». Habilidades  que Estados Unidos combina a la perfección en su estrategia internacional, y que otros países usan igualmente con más o menos intensidad. Unas potencialidades en las que, desgraciadamente, España adolece profundamente. Pues softpower tiene que ver como decía Nye con cultura, valores y política, y hardpower con el uso de la fuerza (el palo y la zanahoria), sea esta económica o militar. Capacidades que los potenciales oponentes conocen a la perfección y actúan en consecuencia en los mementos en que perciben la debilidad de sus contrarios. Y este es el caso de España.

La ola nacionalista que sacude Latinoamérica, y que irá a más, ha encontrado en la debilidad española su piedra de toque. Una zona donde España ha sido un importante inversor hasta hace pocos años (el segundo detrás de Estados Unidos en los noventa), con un volumen cercano a los 100.000 millones de euros realizados por empresas de todo tipo, pero especialmente en energía (petróleo, gas y electricidad), telecomunicaciones y servicios financieros. Actividades todas ellas que tienen que ver con decisiones políticas pues se trata de sectores altamente regulados. Una intensidad inversora como se puede ver en esta gráfica tomada del libro de William Chislett antes citado (publicado por el Real Instituto Elcano).

La ola nacionalista que se encuentra en su punto más alto en países como Argentina, Venezuela o Bolivia, tratado también por The Washington Post, no escapará de los países considerados más estables. Especialmente por tres motivos:

1) se trata de sectores regulados que se consideran esenciales en los momentos actuales;

2) permiten a los dirigentes políticos alcanzar cotas de popularidad altas con mensajes anticolonialistas; y

3) detrás de las decisiones políticas están siempre intereses económicos autóctonos que reclaman sus beneficios por ser locales y por ser los que apoyan a los partidos de sus países para alcanzar el poder.

De esta manera, lo que todavía no ha llegado a países como Brasil, Perú y otros, llegará de una manera más o menos radical sin duda; por lo que no es impensable que se vean cambios en el horizonte empresarial en el próximo futuro. Únicamente quizás Méjico, por su pertenencia al NAFTA (North America Free Trade Agreement) donde domina Estados Unidos, se verá libre de tales prácticas. El resto de países no podrá ver con buenos ojos que empresas foráneas sean lo líderes en la energía o las telecomunicaciones y tratarán de modificar ese status quo.

España es el país más débil. Por su historia de dominación de Sudamérica (lo que ayuda a la demagogia nacionalista) y por su débil softpower (y más débil smartpower aún). Debilidad que se ha notado en el caso de Repsol YPF y donde se verá en Bolivia con la última nacionalización de la empresa Red Eléctrica, a la vez que la empresa española Repsol inauguraba una planta de gas en ese país. Contradicciones que demuestran esa debilidad geoeconómica de España. Una debilidad que ya se vio en la pasada Cumbre Iberoamericana en octubre de 2011 y que viene de lejos desde que en 2007 el mandatario venezolano y el Rey de España tuvieron un importante desencuentro. Lo que contrasta con la fortaleza de Estados Unidos en la Cumbre de las Américas en abril de este año en Cartagena (Colombia) con la presencia de Barak Obama.

Una situación que debería obligar al Gobierno español a poner en marcha una potente estrategia de inteligencia económica y de softpower si no quiere ver debilitada su posición política y económica en una zona crítica como son los países latinoamericanos. Ya que el resultado de perder la posición económica en Sudamérica llevaría a España a perder su actual fortaleza geoeconómica en el mundo global.

zp8497586rq
Esta entrada fue publicada en Economía, Energía, Geoeconomía, Geopolítica y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a La ola nacionalista en Latinoamérica y el débil softpower de España

  1. Jorge Soto dijo:

    Completamente de acuerdo. El softpower brilla por su ausencia y el smartpower (cojo por la inexistencia de hardpower) se queda en nada sin softpower. Para cambiar esta situación el gobierno español (este y los siguientes) deberían hacer algo más que Institutos Cervantes.