Israel, oportunidad para España

Reproducimos aquí el artículo aparecido en el diario El Economista ayer 28 de junio por Eduardo Olier, presidente del Instituto Choiseul España.

Se extiende en bastantes ambientes económicos la sensación de que algo está cambiando a mejor. Quizás, aparte de algún que otro hecho objetivamente positivo, no haya mucho de qué alegrarse todavía, pero la realidad es que comienza a circular un cierto halo de optimismo. Y si esta situación fuera a más, al final, los mercados acabarán reaccionando positivamente. Un hecho ya comprobado por el financiero George Soros cuando aseguraba que: «No sólo los jugadores de los mercados se comportan con prejuicios, sino que sus prejuicios pueden influir en el curso de los acontecimientos». Era aquello que Soros denominaba reflectividad de los mercados. Y en esta situación es cuando aparecen las oportunidades que, bien aprovechadas, pueden acabar creando un círculo virtuoso que devuelva a la economía el impulso que necesita para salir del letargo actual.

Y al hablar de oportunidades surgen de inmediato aquellas en las que España tiene palancas diferenciales con las que responder en los mercados internacionales. Ya que mucho de la salida de esta larguísima crisis tendrá que ver con la actividad de nuestras empresas en el exterior. Especialmente, las grandes empresas que pueden llevar consigo otras menores, facilitando así una creación de riqueza generalizada.

En este sentido surge de inmediato el potencial que dispone España en infraestructuras de alta velocidad. Y, en consecuencia, aquellos mercados en los que se pueden generar sinergias diferenciales con otros socios. Siendo este el caso de Israel. Un pequeño país en una compleja encrucijada geográfica, cuya capacidad emprendedora y tecnológica es un ejemplo de superación y liderazgo. Con unas sesenta empresas cotizando en el Nasdaq, y dedicando alrededor del 4,5 por ciento de su PIB en inversiones no militares de I+D, Israel es uno de los líderes mundiales en tecnología, con un modelo empresarial que podría aportar mucho a nuestra nueva economía de emprendedores.

Pero volviendo al comentario anterior, Israel podría ser igualmente un exclusivo socio en el desarrollo de un relevante proyecto de alta velocidad con importante presencia española. Una interesante posibilidad para nuestra industria, dado que el Gobierno israelí aprobó en febrero de 2012 la construcción de una línea férrea entre el puerto de Eilat (en el Golfo de Akaba) y Tel Aviv, con paradas en la principal ciudad del desierto de Néguev (Beersheva) y el mayor puerto de Israel (Ashdod). Un ambicioso proyecto entre el extremo meridional del país y su centro financiero, al que se añade una línea férrea paralela para transporte de mercancías. Una apuesta estratégica de largo plazo que podría dotar de una capacidad superior al tráfico mundial de mercancías, dando mayor potencial al eje que enlaza el Mar Rojo con el Mediterráneo, y cambiando, de alguna manera, las reglas actuales del tráfico marítimo global.Sinai Peninsula

Actualmente, el enlace marítimo entre Asia y Europa se realiza fundamentalmente a través del Canal de Suez. Un eje de transporte con evidentes limitaciones técnicas; ya que, aparte de los problemas de atascos actuales, y de los elevados precios, tiene la limitación de no ser adecuado para los enormes buques contenedores actuales. Todo ello sin contar la inestabilidades políticas de hoy en día. Un proyecto que, de llevarse a cabo, beneficiaría a Europa en su conjunto y también a Jordania, por la proximidad entre Eilat y la ciudad jordana de Akaba. Un país, además, con el que Israel mantiene unas fructíferas relaciones.

Un interesante proyecto que cambiaría las reglas de la globalización económica. De ahí que China, entendiendo la importancia que tiene la iniciativa, firmara un acuerdo con Israel en julio de 2012. A lo que se sumó España con la visita de la ministra Ana Pastor al país hebreo en diciembre pasado, y la firma de un acuerdo de cooperación, como respuesta a la visita que realizó el ministro israelita Katz a España en mayo de 2012. Un acuerdo que acaba de avalar el propio Gobierno de Israel este 12 de junio.

Para España, participar como socio preferencial en un consorcio que aborde un proyecto de tal envergadura es una oportunidad económica única; que añadiría la importancia geoeconómica de posicionar a nuestro país como un elemento esencial en un eje clave del comercio mundial. A lo que se podría sumar, la ocasión de situar a los puertos españoles del Mediterráneo como puerta de paso de este nuevo eje de transporte y del importante comercio que se generaría dentro de él. Incluyendo, la opción de una nueva plataforma de servicios que acompañaría, además, a este nuevo “ferrocarril marítimo” que uniría el mar Rojo con el Mediterráneo oriental y la ribera occidental de nuestras costas.

Un proyecto de este tipo presenta una ocasión única que no debería dejarse pasar. España precisa no sólo de ajustes económicos, sino también de grandes proyectos de inversión que la sitúen de nuevo en la escena internacional como uno de los jugadores indispensables. Un gran proyecto de infraestructuras como el que acabamos de comentar, unido a las posibilidad de ahondar las relaciones tecnológicas y comerciales con Israel, puede ser, sin ninguna duda, una de las oportunidades que necesita nuestra maltrecha economía.

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