El nudo gordiano europeo

Por si resulta de interés a los lectores de este blog, copio a continuación un artículo que publiqué en el diario español El Economista el pasado viernes 18 de mayo.

¿Quién desatará el nudo gordiano europeo?

Eduardo Olier

La leyenda dice que un campesino de Anatolia había anudado de tal manera una yunta de bueyes que era imposible desatarla. La tradición aseguraba que aquél que deshiciera el nudo se convertiría en rey de Frigia. Y tuvo que ser Alejandro Magno quien solucionara el problema cortando el nudo con su espada. Allá por el 333 A. C., deshizo el nudo, conquistó el imperio persa, se hizo con Frigia y se convirtió en su rey. «Tanto monta cortar como desatar», se dice que dijo al cortar la cuerda.

Ha pasado una eternidad desde aquel entonces y los dirigentes de la Europa del euro han sido capaces de construir un nudo gordiano que, desgraciadamente, no está apretando a una yunta de bueyes sino a las economías de la Eurozona, y con ello a todos sus ciudadanos y a su porvenir.

¿Tiene Grecia cura?

El caso griego muestra ya síntomas de patología incurable. Y lo que es peor: tiene al resto de países de la Eurozona en contagio permanente. A los del sur (incluido Irlanda) por ser los más afectados por la crisis. Y a los del norte porque penden del hilo que les conecta con éstos. Y tampoco se salva el Reino Unido, que sin estar en el euro ve el peligro por tener su economía estrechamente enlazada con el resto. De ahí el clamor del primer ministro británico, David Cameron, instando a los líderes europeos a ponerse de acuerdo sobre la necesidad de disponer de un fondo suficiente para detener la crisis o de «actuar en una dirección distinta».

Y en este río revuelto aparecen otros comentaristas de ocasión para tratar de echar nueva leña al fuego. Así, el fin de semana pasado, el laureado nobel de economía Paul Krugman vino a hablar del «final del juego», con sus drásticas previsiones: salida de Grecia del euro en junio y salidas masivas de fondos de bancos españoles e italianos. Poniendo a Alemania en la picota, para optar por fuertes inyecciones de fondos desde el BCE a los bancos españoles o italianos para evitar el colapso financiero, o simplemente terminar con el euro y volver a un ignoto lugar. Y en paralelo para evitar la salida masiva de capitales, organizar un corralito en España. Idea a la que, quizás por ausencia de información o por desconocimiento, se ha sumado algún medio de información español, cuando es técnicamente imposible, como apuntó el ministro Montoro. Primero, porque España es una economía abierta de la zona euro y todo el mercado financiero se realiza en euros, con lo que no es factible conversiones a una posible peseta, como ocurrió en 2001 en Argentina entre el peso y el dólar. Y segundo porque las tasas de interés no las fija el Banco de España, sino que vienen determinadas por el BCE, con lo que difícilmente se podrían ofrecer intereses distintos para un euro operado desde nuestro país. Sí es un interesante titular de prensa, sin embargo, sin mucho fundamento económico, lo cual sorprende en tan afamado economista experto en geografía económica.

¿Expulsión del euro y de la UE?

Y respecto de la salida de Grecia del euro hay que volver a los fundamentos de la Unión Monetaria y al Tratado de Maastricht. Dicho tratado no contempla la expulsión de ningún miembro sino la exigencia del cumplimiento de los acuerdos del Pacto de Estabilidad respecto de déficit y deuda. Ya que la expulsión del euro implicaría la expulsión de la UE, pues ambos conceptos están ligados: se puede estar en el euro, pero la salida de éste representa la salida de la UE, salvo el caso británico, que desde el inicio se mantuvo como miembro de la UE sin adherirse a la moneda única. Y todo ello sin contar los enormes problemas jurídicos de tal decisión.

Y, mientras tanto, los mercados y especialmente los hedge funds jugando a corto contra las emisiones de deuda de los países con más problemas, a la vez que crece la especulación desbocada de los opacos CDS (credit default swaps). Y no solo contra las emisiones de los más débiles, sino también apostando por el futuro rebote del bono alemán hoy en sus cotas más bajas. Una situación en la que todos pueden ir a peor.

Sin embargo, lo que resulta evidente es la parálisis o la falta de determinación de los dirigentes europeos para tomar de una vez medidas eficaces. Una parálisis que se nota en el BCE, cuya política de cuentagotas no hace sino empeorar la situación, y donde la debilidad política interna de los principales líderes europeos les corta la visión creyendo que la solución de sus problemas están en Renania, por poner un ejemplo.

Y hay que decir con contundencia que es España el único país de la Eurozona que, con enorme esfuerzo, se ha tomado en serio el camino de unas reformas que no por necesarias son menos dolorosas. Y es preciso, como ya parece que está haciendo el Gobierno español, exigir a los dirigentes europeos que cumplan con su responsabilidad, pues a ellos les toca en gran medida lanzar las políticas de crecimiento económico que se precisan y desatar el nudo que nos aprieta.

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