Salir de la crisis: La necesidad de una economía productiva y social en España (y, también, en Europa)

Muchos se preguntan actualmente porqué las políticas económicas llevadas a cabo desde el inicio de la crisis no son efectivas. Y otros tantos se cuestionan la capacidad de los dirigentes políticos para llevar a cabo políticas económicas capaces de generar riqueza y distribuirla adecuadamente. Incluso los hay que no entienden cómo economistas supuestamente brillantes no son capaces de sacar a los países con problemas del atolladero en el que están. Una crisis que ya dura demasiado tiempo y que ha hecho estragos en muchas familias; no digamos en España cuya tasa de paro sigue en aumento, y donde los actuales mandatarios económicos llevan la salida de la actual crisis demasiado lejos en el tiempo.

La previsiones del Gobierno actual en España no son desde luego muy positivas.

1.- Estaremos 2 años más en recesión. El crecimiento del PIB se lleva a 2014 (en 2013 roza el cero, con lo que puede estar arriba o abajo).

2.- El consumo (demanda interna) parece que arrancará en 2014, pero tan tímidamente que no se empezará a notar sino a partir de 2015.

3.- La deuda pública se mantendrá en niveles imposibles. En 2015, seguirá por encima del 80% del PIB. El peso de los intereses en la deuda pública lastrará el déficit y no permitirá dedicar los recursos necesarios a movilizar la economía. El Estado de bienestar no se podrá sostener. Lo que se ha hecho hasta ahora (congelación de pensiones, reducción del gasto en educación, mayor vigilancia en las prestaciones por desempleo y ajustes tímidos en la sanidad) no será suficiente. Todo el entramado del Estado de bienestar que lastra las cuentas públicas deberá ser revisado. Se necesita un nuevo replanteamiento de un sistema que ha quedado obsoleto. Las pensiones deberán establecerse según un sistema público-privado, la educación pública deberá dejar de ser el aparcamiento de miles de profesores y deberá apostar por la calidad (en España hay 50 Universidades públicas y 100.000 profesores), la sanidad deberá dejar de ser gratuita en todo y para todos, y el desempleo deberá orientarse a la búsqueda de empleo con políticas activas.

4.- La lucha contra el déficit público impuesta por Alemania (desde Bruselas y el BCE) no es suficiente para sacar a la economía del agujero donde está.

Pero la clave de lo anterior está en el paro. No es asumible una tasa superior al 22% en 2015. Esto genera pesimismo social y es una llamada a los extremismos políticos. Además es la mayor injusticia social que puede existir en una sociedad moderna. Y, en lo económico, bloquea el consumo que, en una sociedad de servicios como es España, no permite crecer la economía. El positivo comportamiento de las exportaciones (que pasaron del 22,8%, en 2009, al 30,5% del PIB en 2011), no será suficiente si no se consolida y aumenta en el futuro.En esta situación los Gobiernos europeos pierden poco a poco su base social, y en España este efecto será rapidísimo. El Gobierno español actual tiene 2012 para mostrar a los españoles un camino claro que les saque del marasmo económico. A partir de 2013 el deterioro institucional será rapidísimo, pues el efecto de una crisis económica tan profunda como la actual, de no estimular la economía, tiene 3 efectos sociales y políticos muy definidos:

1.- Judicialización de la economía: todos los conflictos económicos, ante la incapacidad de resolverlos económicamente, acaban en un juzgado, sea este nacional o internacional. Veánse los innumerables casos, incluido el último de Repsol-YPF.

2.- Deterioro institucional: ante la incapacidad de la clase política de resolver las necesidades de los ciudadanos, estos dejan de creer en las instituciones, lo que abre un camino enorme de incertidumbres que son el campo ideal para los desafectos, los extremistas y los aprovechados.

3.- A nivel empresarial, las dificultades económicas y la ausencia de crecimiento llevan a la ruta de la «eficiencia», es decir, menores gastos fijos, lo que se traduce en despedidas masivas de personal, lo que aumenta el paro. Un hecho muy practicado en grandes corporaciones: o se crece o se reduce la masa salarial.

4.- Pérdida de la influencia internacional: el aumento de la dependencia económica mediante el endeudamiento reduce el soft power de los países. España irá perdiendo el peso que tenía sobre todo en Sudamérica, un lugar donde, además, crecerán en los próximos años y de manera exponencial, los afectos nacionalistas. Aquellos países que sean poseedores de materias primas las querrán gestionar localmente, y los servicios públicos pasarán a manos autóctonas. España, cuyas multinacionales se encuentran en estos sectores, tendrá muchas dificultades para mantener el liderazgo en sectores como la energía, la banca o las telecomunicaciones. La mejor solución será incorporar accionistas locales y pactar con los Gobiernos, dueños últimos de las concesiones. El caso Repsol YPF es un ejemplo a analizar.

¿Cómo resolver el problema? ¿Cómo atender los requisitos impuestos por los acreedores y abrir la senda del crecimiento económico? ¿Cómo solucionar la necesidad de reducir el déficit, mantener las prestaciones del estado de bienestar, seguir endeudándose, y reducir el paro? ¿Hay alguna otra solución además de subir los impuestos directos o indirectos, y reducir las prestaciones sociales? ¿Cómo se puede evitar que la credibilidad en los mercados caiga de manera constante y con ella las calificaciones de las agencias de rating, y la volatilidad siempre al alza de las primas de riesgo? ¿Cómo resolver el problema de las entidades financieras, dejándolas caer o seguir apostando por un salvamento en manos de los Gobiernos? Preguntas que podrían complementarse con otras similares y que son aplicables a España, Italia, Francia, y otros países de la Eurozona.

El mundo ha vivido y sigue viviendo en una burbuja financiera. La deuda global es unas 6 veces el PIB mundial, pero esto, con ser grave, no es el principal problema, que reside en la relación entre deuda e ingresos. Miremos el caso de España suponiendo como deuda pública la expresada por las emisiones estatales y autonómicas, dejando de lado las de las empresas públicas y otras entidades similares. En España en 2011 la deuda pública llegó casi al 70% del PIB, es decir, unos 735.000 millones de euros. Lo que representó más de 7 veces los ingresos no financieros del Estado, que supusieron unos 104.000 millones de euros, o 4,5 veces la recaudación impositiva que ascendió a 160.000 millones. Y para 2012 se estiman en  de acuerdo con los Presupuestos Generales del Estado, unos ingresos no financieros de 119.000 millones, si bien la deuda habrá superado el 82% del PIB.

¿Cual es la solución entonces? Propondríamos un programa de 5 puntos para desarrollar una ECONOMÍA PRODUCTIVA Y SOCIAL:

1.- Continuar los ajustes tratando de ajustar gasto con ingresos, lo que lleva a reducir las ineficiencias del Estado, y en el caso del Estado español, revisar el papel de las Comunidades Autónomas, Diputaciones y Entidades Locales. Es preciso un ajuste institucional, además del ajuste por la vía del gasto y el reforzamiento de los ingresos por la vía impositiva.

2.- Continuar con el ajuste del sistema financiero, poniendo cerco a las prácticas financieras especulativas y controlando de manera eficaz las prácticas empresariales e implantando normativas eficientes de buen gobierno, especialmente en las entidades intervenidas o soportadas por el Estado. Los activos tóxicos inmobiliarios deberían salir de los balances de las entidades financieras mediante la creación de compañías SPV (Special Purpose Vehicles) que con aval del Estado y riesgo a cargo de los accionistas de los bancos gestionen esos activos en el largo plazo (hasta 20 años). La inflación y el mercado haría el resto poniéndolos en valor.

3.- Desarrollar una política de incentivación empresarial, especialmente de las pymes, abriendo líneas de crédito de manera urgente. En este sentido, el papel del BCE, del BEI y de las entidades públicas será esencial. Europa tiene un volumen de ahorro cercano a los 20 millones de euros, y hay que dar confianza a los inversores para poner este volumen en juego. El BCE debería lanzar una línea de financiación de al menos 500.000 millones para movilizar la economía productiva. Se necesita articular un verdadero programa europeo de PPP = Public Private Partnership, dejando a las entidades privadas el papel de lanzar los proyectos de inversión productiva. Las inversiones deberían ir a sectores productivos facilitando una mayor integración europea en ciertos sectores, por ejemplo, el energético. Esto devolvería la confianza a los mercados y reduciría la especulación de la deuda soberana en Europa.

4.- Desarrollar una política activa de empleo mediante un programa específico para pymes, que incluyera: internacionalización, contratación de personal, y crédito. Este sería uno de los elementos claves de la política económica orientada a los problemas sociales. Si en España hay 2 millones de pymes, un contratado por empresa restaría dos millones de desempleados de las cifras de paro, con el efecto directo en el consumo interno y en la reducción del gasto por desempleo. Hay que volver a las prácticas keynesianas que conjugan creación de empleo y aumento del consumo. Y de aquí volver a las esencias de la economía en un equilibrio armónico entre capital y trabajo, promoviendo una economía productiva basada en el trabajo productivo y no en la especulación financiera. Lo más social en la sociedad es crear empleo de calidad.

5.- Una política fuertemente decidida para evitar las prácticas corruptas, ya sea en las actividades públicas o en las privadas. Hay que devolver la confianza al los ciudadanos sobre los beneficios de la democracia participativa. Los beneficios desmesurados provenientes de actividades especulativas deberían ser eliminados, como también el control de las prácticas políticas deshonestas. Se debería evitar que la judicialización de las ineficiencias del sistema sean el cortafuegos de las mismas. Leyes claras e inequívocas deberían ser el soporte de la regeneración social que precisa salir de la crisis. Se ha vivido demasiado tiempo en la burbuja de la especulación y hay que volver a la creación de riqueza que proviene de la productividad y el trabajo bien hecho.

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