La obertura “Las Hébridas” de Mendelsohn y el problema financiero europeo

Félix Mendelsohn le dedicó una muy conocida obertura a Federico Guillermo de Prusia allá por 1830. Una pieza musical que suele ser habitual en muchos repertorios orquestales. Por ejemplo, este mes de octubre lo tenía en su programa la Filarmónica de Berlín. Exactamente el día 20. Dura unos diez minutos, así que si el lector quiere escucharlo mientras lee, puede acceder a una de las muchas versiones de youtube, por ejemplo:

El poema sinfónico de Mendelsohn toma el nombre de una gruta de una de las islas Hébridas: la isla de Staffa en el norte de Escocia. Gruta que se denomina la Gruta de Fingal, cuya impresionante foto damos aquí. Es sorprendente lo que puede hacer la naturaleza en el tiempo.

Al parecer, Mendelsohn quedó fascinado por la visión del lugar y también, según se dice, por los extraños ecos que surgían de la cavidad. El nombre de Fingal, por su parte, hace referencia a una leyenda irlandesa que habla de un tal Fionn mac Cumhaill del que se cuenta, entre otras cosas, que había construido un paso elevado que unía Irlanda y Escocia.

Conectar la Islas Hébridas con la obertura de Mendelsohn y la crisis financiera de Europa parece tarea imposible, pero, en realidad, no lo es tanto. Ya que la situación histórica actual nos remite con frecuencia al pasado.

Los tiempos de Mendelsohn y su mentor, Federico IV de Prusia, son muy convulsos en Europa. Fundamentalmente en lo político, y en los múltiples conflictos armados que surgieron dentro del imperio. El monarca era contrario a la unificación alemana y a su liberalización y mantenía un ten con ten con la hegemonía austriaca. En marzo de 1848 estalla la revolución en Prusia, lo que llevó a Federico Guillermo IV a aceptar la unificación alemana bajo una Constitución general dentro del reino de Prusia. Idas y venidas dentro del Imperio que terminaron abruptamente en 1914 con el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914, con Alemania en el eje del conflicto. Todo un proceso que parece anticiparse en los movimientos de la obertura de Mendelsohn.  Una pieza musical dividida en dos partes: la primera, según se dice, inspirada cuando Mendelsohn visitó la gruta. Trozo musical en el que las violas, los violonchelos, y los fagots pugnan unos contra otros. Es la fuerza de la naturaleza. Y la segunda parte, no menos viva, con las olas moviéndose en el mar y horadando el basalto de la montaña. Una sugestiva descripción de la época del imperio prusiano a finales del siglo XIX.

En lo económico, la economía prusiana de fin de siglo era una potente máquina, al contrario que la austriaca, fuertemente endeudada por motivo de la revolución de Hungría en 1984 y de la guerra de independencia en la Italia de aquellos tiempos. Tiempos dominados por la lucha entre Prusia y Austria a fin de lograr el dominio sobre Alemania. Lucha política y militar, a veces, que encerraba también importantes conflictos económicos entre los dos contendientes.

Ahora no tenemos a Mendelsohn para recitarnos musicalmente lo que sucede. Ni tampoco son evidentes los conflictos por la supremacía de ningún imperio en territorio europeo. Sin embargo, en el desorden económico actual sí existe la pugna por mantener el euro, en una situación en la que, de momento, no existen guerras de divisas; cosa que bien podría suceder en un futuro. Una situación en la que Alemania es ahora el líder económico europeo incontestable, si bien su poder político es mucho menor. De manera que algunos de los países de lo que podríamos llamar el “Imperio Euro” comprometen su existencia y con ello la de la propia Alemania. No en vano Angela Merkel aseveraba en la 41ª reunión anual del World Economic Forum: «Let me say this very clearly again. The euro is our currency. And it is much more than just a currency. It is the embodiment of Europe today. Should the euro fail, Europe will fail».

Y aquí estamos este fin de semana pendientes de las decisiones que los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión tomarán para salvar el euro. Aunque algo ya se avecina: al menos una quita del 50% de la deuda bancaria de Grecia y un número aún incierto en España e Italia. Siempre mayor del 5% en cualquier caso. Todo ello en una situación altamente incierta como a estas horas alguna agencia de prensa da a entender.

Desgraciadamente los tempos de esta sinfonía europea de ahora se parecen mucho más a un vals de Strauss que a la fuerza de la obertura de Mendelsohn tan necesaria ahora en Europa. Basta mirar a alguna información sólida para darse cuenta de donde estamos.

La foto de la canciller Merkel en septiembre pasado era todo un poema. Y así seguimos: el problema de Grecia sin resolver, los países periféricos en la picota, la economía europea más o menos parada, y la deuda soberana europea sin otro comprado que no sea el Banco Central Europeo. Los 220.000 millones del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, no serán suficientes. Sino al tiempo…

 

 

 

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