¿Son independientes las agencias de rating?

Aparte de la crisis propiamente dicha, los grandes protagonistas financieros de 2011 han sido las agencias de rating,  las agencias de calificación de crédito. Son las que marcan, al final, la marcha de los mercados. De ahí que empresas y países comiencen a temblar cuando las más importantes amenazan con bajar su calificación crediticia. Pero, en general, poco se conoce de ellas, salvo sus juicios, ni tampoco quien las controla en la práctica. ¿Son realmente independientes sus evaluaciones? ¿Se hacen con criterios profesionales únicamente o intervienen otros factores? ¿Están manipuladas por intereses políticos o financieros? ¿Por qué únicamente las tres principales agencias americanas son las que marcan la marcha de los mercados? ¿Por qué no se abordado la creación de una agencia de calificación europea? ¿Hay alguien que controle a estos controladores de los mercados?¿Son realmente un negocio las agencias de rating?

Varios líderes políticos europeos ha clamado en múltiples ocasiones por las decisiones de las agencias de rating. Y, quizás debido a ello, a principios de diciembre de 2011 salió la noticia de que la ESMA (European Security & Markets Authority) iba a evaluar a las tres grandes: Standard & Poors (S&P), Moodys y Fitch, durante el mes de diciembre pasado. Sobre todo después de que la primera avisara de que iba a bajar la calificación de 15 países de la Eurozona. Y uno de ellos, Francia, se avanzaba que perdería la calificación AAA antes de fin de año. Algo que recrudecería nuevamente las tensiones sobre las primas de riesgo en toda la zona europea.

Aunque se habla de un total de 150 agencias, existe una lista de 76 agencias de este tipo en el mundo. No todas son, obviamente, americanas. Aunque nadie se preocuparía mucho si los juicios no vienen de las Big Three, que son a la postre las que marcan el paso de los mercados. En especial, en relación con las inversiones en grandes corporaciones, bancos o deuda soberana.

Agencias que, como S&P, determinan la foto de riesgo a nivel global como se indica en este gráfico. Lo cual no sólo tiene consecuencias económicas para los países enjuiciados, sino también consecuencias políticas. Unas empresas que no dejan de ser una suerte de monopolio, ya que entre las tres mayores (S&P, Moody»s y Fitch) dominan el 95% del mercado y dos de ellas, S&P y Moody»s, comparten accionistas, según refiere un estudio de la consultora Roland Berger, que aboga por la necesidad de una agencia de calificación europea. ¿Se trata, por tanto, de un mecanismo geoeconómico que defiende los intereses financieros americanos o están estos también estos controlados por estas agencias? Trataremos de explicar someramente la situación.

  1. Un apunte sobre el comienzo de este lucrativo e influyente negocio. La historia de estas actividades comienzan con la financiación de los ferrocarriles americanos. Aquellos que iban de costa a costa y atravesaban el Oeste por medio de praderas y montañas. Y para financiar esas enormes infraestructuras se recurre a la emisión de bonos por parte de las compañías ferroviarias. Un innovador sistema de financiación que le sugirió a John Moody la idea de hacer una valoración de aquellos bonos allá por 1909. Una empresa que fue adquirida en 1960 por otra agencia, Dun & Bradstreet. El caso de Poor es parecido. Después de la Guerra Civil americana comenzó a publicar el Manual of the Railroads of the United States, para pasar después de la muerte de su fundador en 1905 a convertirse en una agencia de calificación. Agencia que se fusionó en 1941 con otra similar, Standard Statistics, y así constituir la hoy conocida Standard & Poors, que en 1960 fue adquirida por la firma editorial McGraw Hill. Con la característica de que actualmente S&P y Moody»s tienen accionistas cruzados como se puede ver aquí.
  2. ¿Cómo obtienen sus ingresos? Desde 1909 a 1970 los ingresos provenían de la venta de informes a los subscriptores de sus informes. Sin embargo, a partir de esa fecha cambiaron la forma de su negocio, siendo los propios emisores de productos financieros lo que pagan a las agencias. Una situación verdaderamente chocante: aquellos que van a ser evaluados por las agencias de rating son los que pagan por sus informes. En el fondo es un negocio que vende el «nivel de reputación» de los emisores, que es comprado por los inversores. Algo que en el caso de las emisiones de deuda soberana de los diferentes países no aplica: las calificaciones de los países grandes, como Estados Unidos o Francia, por ejemplo, son gratis; aunque los países en vías de desarrollo pagan una cantidad entre 50.000€ y 200.000€ por informe.Las calificaciones siguen la escala siguiente
  3. ¿Cual es el negocio de las agencias de rating? Entre las tres grandes gestionan la calificación de  decenas de billones de dólares. Tienen oficinas en las mayores plazas financieras del mundo, y sus ejecutivos, si bien poco conocidos públicamente, mantienen relaciones con presidentes de Gobierno, ministros de finanzas y altos ejecutivos de grandes empresas. Son en realidad un poder en la sombra. Uno de ellos es Moritz Kraemer el director de la filial europea de S&P, y se enfrenta sin problemas con personajes tan relevantes como la canciller alemana Angela Merkel, el presidente francés Nicolás Sarkozy o con el presidente de la Comisión Europea Durao Barroso. Otro, y más importante, es David Beers. A cualquier ministro de Economía esta persona le era muy familiar. Se trataba del responsable de calificación de la deuda soberana a nivel global en S&P. La persona que se atrevió a reducir la calidad de la deuda americana en agosto de 2011. Respecto de los ingresos de las agencias de rating poco se sabe. Unicamente Moody»s ofrece datos. En 2009, su informe anual respecto de 2008 indicaba que había obtenido unos ingresos de 1.800 millones de dólares, la mitad aproximadamente en Estados Unidos y el resto internacionalmente. Decía tener 3.900 empleados. Y su negocio había crecido internacionalmente de manera exponencial en los últimos años.
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  5. ¿Son fiables sus evaluaciones? Aunque se jactan de decir que su visión es a largo plazo, pocos se acuerdan ya de la empresa ENRON que produjo una catástrofe financiera en Estados Unidos en noviembre de 2001. Aunque, esta empresa, 5 días antes de entrar en quiebra era todavía considerada «una excelente inversión» por las agencias. Como también sucedió con la empresa de telecomunicaciones WorldCom, e incluso con Lehman Brothers hasta poco antes de su quiebra en 2008. Siendo el caso más palmario el de las famosas hipotecas subprime. Un producto hipotecario de ínfimo valor que se «escondía» en otros atractivos productos financieros mediante el procedimiento de la titulización de activos. Es decir, ofrecer al mercado inversor un portfolio de valores que ofrecen alta rentabilidad y están respaldados por activos crediticios muy líquidos: hipotecas, pagarés, cheques, tarjetas de crédito, etc. El problema es la «calidad» de tales «activos». Las subprime, se dice, nunca habrían crecido de aquella forma si las agencias de rating no les hubieran dado el respaldo. Por lo que son muchos los que dicen que las agencias tienen mucho que ver con la crisis financiera actual. Ya que en junio de 2009, el 80% de los productos clasificados como AAA por S&P que habían sido lanzados en el período 2005-2007 fueron degradados como productos basura, después de que se encontraban ya diseminados por todo el sistema financiero. ¿Alguien conoce que esto haya tenido alguna consecuencia en contra de las agencias de rating, incluso con con la nueva ley americana para el control de las agencias de rating?
  6. El papel de las agencias en relación con la deuda soberana europea. En 2011, la caída constante de la calificación de varios países europeos ha sido la nota predominante de la crisis financiera. De ahí vinieron los ataques contra la deuda soberana debido a la bajada de la calificación, incluida la de Estados Unidos en agosto de 2011, que fue degradada por S&P de AAA a AA . De manera que el mapa de la deuda ha quedado muy deteriorado en Europa como se puede ver. Sólo los Países Escandinavos, Alemania, Austria, Francia e Inglaterra mantienen la máxima calificación. El resto la han perdido, y Grecia es un país considerado en quiebra. Su futuro dentro de la Europa de euro no es muy prometedor, como el de otros países de la actual Eurozona. ¿Por qué Inglaterra o Francia, cuyos sistemas financieros están igualmente tocados resisten la alta calificación? Ahí intervienen otros factores no técnicos sino políticos. Es decir, geoeconómicos: la mezcla de la economía internacional con la geopolítica y los intereses o capacidad de influencia y poder.
  7. Otra forma de verlo: las rentabilidades de las deudas soberanas. Este gráfico muestra las volatilidades de los intereses de la deuda de Grecia (verde), Italia (amarillo), Portugal (rojo) y España (blanco) hasta diciembre de 2011. Las fluctuaciones de España son sorprendentes.
  8. ¿Quien determina las valoraciones? Sorprendentemente, de los Comités de valoración poco se sabe. Sin embargo, funcionan de la siguiente forma. Se trata de un grupo de analistas dirigidos por un director, donde un analista junior puede ser capaz de valorar 10 o 12 países, que es revisado posteriormente por un Comité de unas 15 personas.
  9. ¿Qué se puede concluir? Como resumen:
  • a) Son organizaciones poco transparentes, con objetivos cruzados, y con evidentes conflictos de intereses.
  • b) En la crisis financiera actual no han demostrado ecuanimidad. Ciertos países han sido penalizados, al igual que ciertas entidades financieras. Otros, sobre todos los grandes, y en especial muchas entidades y productos financieros en Estados Unidos, ha tenido un aparente trato de favor.
  • c) Han tenido una gran responsabilidad en la crisis financiera actual, dejando que productos tóxicos fueran tratados como altamente rentables.
  • d) Las tres grandes, S&P, Moody»s y Fitch, constituyen un monopolio de facto, repartiéndose un mercado de 5.000 millones de dólares de la siguiente forma: S&P, 47%, Moody»s, 32%, y Fitch, 16%. Queda un mero 5% para el resto.
  • e) No parece que los reguladores americanos, y en especial, la SEC, actúe contra estas agencias, con lo que se podría deducir que tolera sus prácticas, muchas veces contrarias a los intereses de ciertos emisores de bonos. Esto llevaría a la conclusión de que son un instrumento geoeconómico más en manos de la Administración americana.
  • f) Sus metodologías no son auditadas, tienen inconsistencias y son opacas.
  • g) Son un negocio que, sorprendentemente, pagan los auditados por ellas. Y las grandes compañías, se dice, controlan de alguna manera sus informes.
  • h) Las comisiones de evaluación trabajan sobre los resultados de analistas junior y por eso nadie serio en Wall Street considera sus evaluaciones.
Se trata, en definitiva, de un poder geoeconómico sin control para los países menores. Y en el caso europeo sería imprescindible tener una agencia (o varias) que fuera transparente y controlada por el Parlamento Europeo, aunque esto supusiera una inversión de 600 millones de € como algunos dicen que supondría la creación de una agencia de este tipo. De no abordarse este problema, Europa seguirá sufriendo los embates de las agencias de rating, es parte de la guerra de divisas que existe actualmente: euro contra dólar, y dólar contra yuan. Sin una agencia de este tipo será difícil que la moneda única europea se consolide en el largo plazo.
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